
A pesar de que Cómo conocí a vuestra madre ha perdido el encanto de las primeras temporadas, de vez en cuando nos deja algún detalle que invita a la reflexión. Es el caso del último capítulo, todo un homenaje a las expectativas y sueños que se tienen a lo largo de la vida y cómo evolucionan éstos a lo largo de los años. Para aquellos que no lo hayan visto, Ted y Marshall se reúnen cada 3 años para ver la trilogía de La Guerra de las Galaxias y, antes de verla, imaginan cómo será su vida la próxima vez que cumplan con el ritual, es decir, en 3 años. El contraste entre lo que imaginan y lo que ocurre de verdad es cuanto menos interesante. Algunos sueños evolucionan y cambian con los años; otros se mantienen pero tardan más de lo esperado en cumplirse; y otros… simplemente no se cumplen jamás.
El especialista en sueños es Ted Mosby, personaje odiado por muchos pero al que yo tengo cariño. Quizás porque me he sentido identificada con él en más de una y dos ocasiones. Esta temporada más que nunca. Comparto su desilusión, su búsqueda desesperada, su confusión… Y para ejemplo, su visión de futuro correspondiente a 2015 (dentro de 3 años, no perdáis el hilo), una imagen dura pero realista, digna de una persona que ha perdido la esperanza: solo, en su casa, rodeado de periódicos, mientras el resto de sus amigos disfruta de todo lo que él lleva años buscando. Efectivamente, llega un momento en la vida en el que dejas de soñar y decides ver las cosas tal y como son. Claro, que estamos hablando de una ficción, por lo que el personaje termina por conseguir lo que lleva tanto tiempo buscando. Moraleja: las cosas pasan cuando se ha perdido toda esperanza. Ja, ja, ja (permitidme el sarcasmo).
Y mientras tanto yo no tengo ni idea de dónde estaré ni en 3 años ni en 10. No sé si me casaré porque ni tan siquiera sé si encontraré a alguien con el que querer hacerlo. No sé dónde querré criar a mis hijos porque ni tan siquiera sé si los tendré. No sé si seguiré en mi empresa porque ni tan siquiera sé si querré cambiar de profesión. No sé si viviré en París porque ni tan siquiera sé si algún día echaré de menos España… Nunca he sido capaz de proyectarme en el futuro, lo reconozco, pero mucho menos últimamente. Les jours passent et se ressemblent… y asumo el paso de los días desde una óptica realista. Los sueños sirven para mantener viva la esperanza, pero también para generar ilusiones que no crean más que frustración. Y sí, podéis llamarlo la crisis de los 30…

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